Ahora ‘los fantasmas de Scrooge’
Los fantasmas de Scrooge, un Cuento clásico de Navidad, es un relato concebido por Charles Dickens en 1843 que, ahora se presentará en la pantalla vestido con ropas desacostumbradas, con atuendos, escenarios y personajes de una Londres típicamente victoriana y responden a la confección más vanguardista en términos de animación fieles a la época en que se desarrolla la historia.
Este film que está por estrenarse podrá verse en la gigantesca pantalla del sistema Imax, además de las salas convencionales, como inevitable resultado de un nuevo avance en el siempre innovador escenario de la animación digital. De hecho, aquí vuelve a aplicarse el sistema de "captura de actuación" (capture performance) para llevar a los intérpretes de carne y hueso hacia un asombroso mundo virtual con visos claros de fotorealidad.
Nadie podría hablar mejor de esta evolución que Robert Zemeckis. El director de Volver al futuro y Forrest Gump inició un innovador camino en el terreno de la animación con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y desde El expreso polar -otro cuento navideño- y Beowulf no hizo más que trabajar obsesivamente en la evolución del capture performance , cuyos progresos están a la vista a través de detalles faciales, de movimiento y ambientación en Los fantasmas de Scrooge.
Los intérpretes
El elegido para interpretar al personaje central del relato, concebido en 1843, por Dickens es Jim Carrey. Los rasgos más visibles del histriónico actor aparecen en el retrato digitalmente animado de Ebenezer Scrooge, el codicioso, mezquino y desconfiado usurero que protagoniza esta historia, cuyo punto de partida es el fallecimiento de su socio Marley.
El astro de The Truman Show no sólo interpreta aquí a Scrooge. Se multiplica (lo mismo ocurre con otros intérpretes, como Colin Firth, Gary Oldman y Robin Wright Penn) en los tres espíritus navideños que se apoderan en un momento del anciano para hacerle pagar todas las consecuencias de su aversión hacia los demás y del modo despreciativo con el que trata las celebraciones navideñas, y de esta manera, encuentre el camino del arrepentimiento y de la redención. Todo este proceso se manifiesta en la película a través de unas cuantas imágenes oscuras y situaciones con toques macabros y truculentos que la hacen poco aconsejable para los más chicos. De hecho, Los fantasmas de Scrooge fue calificada apta sólo para mayores de 13 años.
Una parte significativa de los casi 200 millones de dólares invertidos en esta producción fueron destinados por Disney para llevar adelante una monumental campaña de difusión y marketing que incluyó, entre otras iniciativas, un extenso tour promocional ferroviario de seis meses que convocó a multitudes durante su paso por 40 ciudades de los Estados Unidos.
Hace unos días, The New York Times se preguntaba cuál era el sentido de llevar al cine por enésima vez una historia conocida por todos e interpretada en la pantalla hasta por perros, gatos, ratones y muppets. "Si la película funciona -explica la nota-, será un clásico que podrá reestrenarse cada fin de año y reproducirse en forma de DVD y merchandising". Tal vez por eso Los fantasmas de Scrooge se propone mirar simultáneamente hacia atrás y hacia adelante.



